martes, 16 de febrero de 2016

B. Autodominio, las riendas del Poder I* Saint Germain

Autodominio, las riendas del Poder I*

Es necesario comprender el antiguo proverbio: “Mejor es el que tarde se enoja que el fuerte; y el que se enseñorea de su Espíritu que el que toma una ciudad. Si así fuera, más adeptos y maestros surgirían en cada generación para tomar las riendas del dominio de sí mismos y de su mundo.
Alcanzar el dominio del yo finito es un acto de extrema compasión para la Ley universal y para el Amor universal. Cuando esto ocurra en vuestra vida, y así será en la medida en que se dé a conocer la Ley, ós daréis cuenta de que no podéis seguir siendo novicios y maestros a la vez. Aunque vuestra morada sea en el plano de la conciencia humana, no debéis someteros a sus depredaciones.
Como el mundo está lleno de mentes ociosas, y las “mentes que divagan”, aun cuando albergadas en una conciencia dedicada, son con frecuencia el instrumento de la fuerza siniestra (“el taller del demonio”, como suele decirse), es responsabilidad del estudiante de la Verdad más profunda reconocer que él solo puede y debe gobernar su propio mundo con el correcto uso del Poder.
En esta esfera de coexistencia kósmica, donde las energías del macrocosmos y del microcosmos fluyen como si fueran una sola, hay cada día una gran liberación de Poder por parte de la Divinidad y un subsecuente abuso de ese Poder por parte de la humanidad.
Algunos hombres, al mirar los abusos de otros, responden con un abuso igual o mayor de Poder; enganchan su tren de poder según el uso que los individuos y la sociedad hacen del Poder. Esto no es acción, si no reacción.
Otros, a veces consciente y deliberadamente, y a veces sin pensar o inconscientemente, generan pensamientos-forma y emanaciones áuricas discordantes de su ser al desencadenar acciones por malos hábitos o por moméntum. Me gustaría enlistar algunos de estos abusos de Poder para que podáis percibir cómo la gente se convierte sin saberlo en instrumento de sutiles características de negación y cómo acepta, amplifica y descarga esta sustancia nociva hacia la atmósfera planetaria.
En primer lugar tenemos el aburrimiento, un estado mental de indiferencia en el que todo al individuo le parece que nada vale la pena, individuo que no puede ver, más allá de la vanidad de este mundo, la realidad del otro mundo. En este estado que lo priva de sus derechos, semejante al vacío, los hombres despojan de vitalidad a su alma.
Luego está la insatisfacción, en la que los hombres valoran su progreso o su falta de progreso, y por deshonestidad o autoengaño, no están dispuestos a admitir su participación en la formación de sus propias debilidades. En vez de ello transfieren la responsabilidad a los demás, cargándoles la culpa de sus propias fallas o falta de progreso. Como esto a menudo tiene lugar en el plano subconsciente, este engaño de la mente carnal es la causa principal del estancamiento personal.

Alquimia
Saint Germain.