jueves, 17 de marzo de 2016

Jesucristo y Saint Germain 1 de 2

JESUCRISTO Y SAINT GERMAIN, LOS GUÍAS DE LA ERA DE ACUARIO

Los Maestros Ascendidos Jesucristo y Saint Germain, los encargados de pasar la antorcha de la conciencia crística y del YO SOY EL QUE YO SOY para las dispensaciones de Piscis  y de Acuario, ocupan, en la larga historia de la Tierra y los seres que en ella evolucionan, un lugar entre los grandes libertadores de las naciones que hacen uso de los fuegos sagrados de la libertad: la salvación a través de la resurrección del alma.
El sendero de iniciación que conduce a la reunión del alma con la Presencia YO SOY (la ascensión) a través del mediador, el Yo Crístico –la puerta abierta a la Realidad Divina que ningún hombre puede cerrar--, lo ejemplifica Jesús, el Guía de la era de Piscis.
El bautismo del fuego sagrado del espíritu Santo, que recibió el Salvador, es revelado por el Maestro de la era de Acuario Saint Germain, al entregar al pueblo de Dios la dispensación de la séptima era y del séptimo rayo: la llama violeta omnimisericorde del Consolador y su aplicación en la acción de saldar el karma personal y planetario con la ciencia de la Palabra hablada.
Saint Germain es “la voz del séptimo ángel” anunciado en Apocalipsis 10:7, que viene a consumar e misterio de Dios, “como Él lo anunció a Sus siervos los profetas”. En el siglo XI a. C, encarnó como Samuel, sacerdote y profeta del SEÑOR que fue criado de su primera infancia para urgir reyes y emitir juicios sobre Israel.
Como patrocinador de los Estados Unidos de América –cariñosamente llamado “Tío Sam” --, está llamando a las doce tribus de Israel en los cuatro confines de la Tierra ara darles a conocer su verdadera identidad de portadores de luz, comisionados para servir al lado del Anciano de Días en la liberación de los cautivos de la Tierra. Saint Germain trae a la memoria de las ovejas perdidas (almas reencarnadas) de la casa de Israel el nombre del SEÑOR Dios: YO SOY EL QUE YO SOY. Les enseña a demás, el poder de esta Palabra perdida conferido a Moisés y a los profetas, y que también tuvo un lugar prominente en la misión de Jesús en Galilea. De esta Palabra que en verdad se hizo carne en Jesús dice Juan el Amado: “Aquél era la verdadera Luz que alumbra a todo hombre que viene al mundo”.
Gracias a las Enseñanzas de Jesucristo y Saint Germain, tú también puedes conocer al SEÑOR por mediación de tu Yo Crístico, tu Yo Real anunciado por Jeremías como EL SEÑOR, NUESTRA JUSTICIA y por Zacarías como EL JUSTO. Por esta Presencia interior todo hombre conocerá al SEÑOR (la Palabra) cuando se siente a meditar, como observó Miqueas, debajo de su propia vid (su Santo Ser Crístico) y debajo de su higuera (la Poderosa Presencia YO SOY y cuerpo causal).
Jesucristo y Saint Germain, junto con las huestes celestiales en su totalidad: Maestros Ascendidos, Elohim, arcángeles, ángeles e hijos siervos de Dios, que forman el Espíritu de la Gran Hermandad Blanca (la multitud de santos vestidos de blanco de la que San Juan dio testimonio), han venido de la Escuela de Misterios que se encuentra en niveles internos, en estos momentos del viraje de los ciclos de Piscis a Acuario, para enseñarnos cómo invocar este nombre del SEÑOR, para enseñarnos fórmulas alquímicas gracias a las cuales podamos investirnos de nuestra cristeidad individual, al mismo tiempo que vencemos al mal personificado y el velo de energía de nuestro propio karma negativo, los llamados pecados de nuestras vidas pasadas.
Por la ley de la transmutación, invocando la llama violeta consumidora de Dios, en el nombre de la Presencia YO SOY, los estudiantes de los Maestros Ascendidos de todo el mundo resuelven  sus relaciones, transmuta registros de su karma, quitan la mancha de la mortalidad de su psique y obtienen la victoria sobre la “bestia” del yo idólatra.
Esta gran victoria de la Luz sobre la Oscuridad en el enfrentamiento individual con las fuerzas de Armagedón, fue anunciada por Jesucristo a su discípulo Juan cuando escribió en Apocalipsis 12: 11: “y ellos (los verdaderos Santos de Oriente y Occidente) lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio”.
La sangre del Cordero es la esencia, o “Espíritu”, del Cristo Kósmico. Su Persona y Su Enseñanza, que fueron mantenidos ocultos para los hombres durante miles de años por los falsos Cristos y gurús, los falsos pastores y profetas: por los impostores de todos los ámbitos, la Iglesia, el Estado, los gobiernos y las economías de las naciones. Ahora, gracias a los Maestros Ascendidos y sus Mensajeros, el conocimiento del SEÑOR y de los misterios divinos que se conservan en la Gran Hermandad Blanca hasta ell tiempo señalado, está siendo sacado a la luz para que todos vean y conozcan la Verdad que los hará libres.
La palabra de su testimonio es su testimonio ante la Amada Presencia YO SOY –nuestro Dios que está con nosotros—y su aplicación, por mediación de ÉL, de la ciencia de la Palabra hablada, gracias a la cual, en oración, meditación, decretos dinámicos y comunión con el Señor, Sus hijos e hijas se convierten en el instrumento efectivo del Cristo Universal y de Su labor sagrada.
Son ellos los que tienen el testimonio de Jesucristo, que no trae a la memoria el Espíritu Santo en los dictados de los maestros Ascendidos a los Mensajeros. Las oraciones, mantras y decretos que emanan de la Palabra –incluso el AUM (OM) sagrado, sonido universal y sílaba de la Divina Madre--, pronunciados,  por dispensación de los maestros Ascendidos, por sus discípulos no ascendidos, son el medio por el cual los portadores de luz se sobreponen a la tiranía del mundo y al culto idólatra de los archiimpostores de la humanidad (ángeles caídos encarnados que se encuentran entre nosotros), en estos momentos finales del siglo XX.
Esta Gran Victoria que seguirá a la “Gran Tribulación” fue decretada por Dios Todopoderoso, tal como la llegada de los Maestros Ascendidos y su comunicación del Evangelio Sempiterno a los portadores de luz de “toda nación, tribu, lengua y pueblo”.
Jesucristo y Saint Germain nos dan la enseñanza de que debemos hacer nuestro todo decreto divino, toda profecía y todo pacto escritural del SEÑOR y luego mantenemos firmes para contemplar la salvación de nuestro Dios.
Como libertadores de judíos y cristianos, musulmanes, hindúes, zoroastrianos y confucianistas –y los luchadores cuya labor sagrada es su religión en la Divinidad--, Jesucristo y Saint Germain proclaman que el Mesías ha llegado en la Persona del Santo Ser Crístico de cada hombre, la sede de cuya conciencia y autoridad en los hijos de Dios está en la llama trina, la chispa divina de la Trinidad sellada en la cámara secreta del corazón.
Jesús, el Hijo del hombre, que personificó la Luz no exclusiva, omniabarcante del Hijo de Dios, vino a enseñarnos el camino del Cristo encarnado no solamente en si mismo, sino como el legado de cada hijo e hija de Dios. Así, nuestro hermano y amigo, y salvador verdadero de nuestra alma de la Muerte y el Infierno, cumplió la ley y la palabra de los profetas, cuyo sendero fue desplegando la habilitación progresiva de esta misma Palabra que alcanzó su culminación en la resurrección y la ascensión de nuestro Señor y de todos los que le siguieron en el sendero de la regeneración del alma.
En verdad, y en la verdadera ciencia de la religión que enseñó, todos los hombres pueden declarar, y declararán, junto con el bendito Hijo de Dios: “YO SOY (Dios en mí es) el Camino, la Verdad y la Vida”, y comprender que es el YO SOY EL QUE YO SOY, el Señor Dios que mora en ellos, quien es, era y por siempre será el Camino, la Verdad y la Vida.